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02 d’octubre 2012

UN NEN SOLIDARI ÉS UN NEN INTEL·LIGENT


Elena Roger es pedagoga y editora de Solohijos.com, un portal que cuenta con un equipo de profesionales de distintas especialidades, así como entidades y asociaciones reconocidas, cuyo valor diferencial consiste en ayudar a los padres a ser mejores padres. Esta apasionada de la educación, madre de tres hijos, es consciente de que la educación en la solidaridad empieza en casa, enseñando a los hijos a sentirse autónomos y competentes.

¿Qué es la solidaridad?
Significa poner a disposición de los demás nuestras inteligencias con la intención real de contribuir a la sociedad.

Resumiendo, un niño solidario es un niño inteligente
Exacto.

¿Solidaridad e inteligencia?
Cuando un niño se identifica con un compañero que sufre porque le han quitado su peluche o cuando un adolescente decide voluntariamente participar en la campaña de alimentos de una ONG, es porque previamente ha utilizado unas operaciones mentales determinadas: la identificación, la comparación, la diferenciación … Un niño que observa, que se pregunta cosas, que compara y categoriza, que traza estrategias para ayudar a los demás es un niño con criterio, con pensamiento reflexivo y con gran amplitud del campo mental.

¿Y qué pasa con los sentimientos?
El aprendizaje significativo, el que pasa previamente por las emociones, es el que permanece en el tiempo y forma parte del funcionamiento cognitivo. La sensación de plenitud y satisfacción que resulta de ayudar a otros seres humanos, pese a los problemas y dificultades que conlleve esa ayuda, repercute a modo de recompensa en esa persona.

Entonces, un niño solidario es un niño que siente
Educar en la solidaridad significa educar para que nuestros hijos sean, sientan y trasformen. Un niño educado desde pequeño en la solidaridad es un niño educado en la sensibilidad, en la generosidad, en el respeto y la empatía. En el sentido de justicia y en la autoexigencia.

Es una palabra complicada para un niño.
Difícil de pronunciar pero muy sencilla de entender. Significa enseñarle desde pequeño a disfrutar y a divertirse pensando en los demás.

No es tan sencillo…
Meta siete cartulinas en una caja de zapatos, y escriba en cada una de ellas diferentes acciones que su hijo pueda realizar (en secreto) por los demás: sonreír a un amigo que está triste, compartir su bocadillo con un compañero que no tiene, ayudar a su hermano a recoger los juguetes… Cada día, al levantarse, deberá coger una cartulina, su objetivo del día, e intentará lograrlo, sin que la persona beneficiada sea consciente. Este juego supone una gran aventura, divertida y satisfactoria, para un niño de 5 años. ¡Y mucho más si sus padres son cómplices!

¿A qué edad se le enseña a un niño a ser solidario?
A la misma edad en que se le enseña a ser autosuficiente y autónomo. Cuando, siendo muy pequeño, le animamos a hacer las cosas por sí mismo, a solventar sus problemas, a sentirse capaz, a atreverse con soluciones creativas…

A veces caemos en el error de sobreproteger a los hijos….
Sobreproteger a un hijo impide que se desarrolle en él la necesidad de contribuir a la sociedad. Enseñe a su hijo a sentirse competente y responsable de sí mismo y le estará educando para cambiar el mundo. Entonces le enseñará la maravillosa sensación de sentirse autónomo, competente y preparado para ayudar a otros.

¿Y cómo se le enseña a un niño a ser solidario?
Un 70% del aprendizaje de los valores relacionados con la solidaridad se aprenden a través del ejemplo de los padres. Unos padres preocupados por el respeto a la naturaleza, que inculcan valores de tolerancia a sus hijos, que se esfuerzan en su día a día o que discuten y negocian de forma asertiva los conflictos, enseñan a sus hijos a contemplar el mundo desde una perspectiva de justicia, igualdad y respeto.

De tal palo, tal astilla
Sí, porque el 30% restante se aprende a través de experiencias mediadas por ellos, a través de juegos, libros, canciones, películas, historias...

¿Nos enseña otro juego?
Dibuje una enorme margarita sin pétalos en una pizarra grande. Antes de ir a la cama, dígale a su hijo que dibuje un pétalo si cree que ha hecho algo positivo por los demás. Alabe su hazaña y hágale sentirse orgulloso de sí mismo. Se sorprenderá de lo que es capaz de hacer para ganar otro pétalo y volver a sentir esa misma satisfacción.

Los niños egoístas, ¿pueden ser solidarios?
Pueden emprender actos solidarios pero no ser solidarios. Una persona solidaria es una persona básicamente generosa. En actitud, en pensamiento, en estrategias. Es un valor que se contrapone al egoísmo.

¿Puede un niño ser egoísta con sus hermanos y a la vez entender que debe ser solidario con otras personas? ¿No es contradictorio?
El egoísmo no siempre implica carencia de solidaridad. El egoísmo de un niño hacía sus hermanos también puede deberse a los celos, al trato no individualizado de los padres o incluso al periodo evolutivo en el que se encuentra.

¿Por qué cuando pensamos en solidaridad la primera imagen que nos viene a la cabeza es del tercer mundo?
Porque confundimos solidaridad con ayuda a la pobreza extrema. Y concretamente con ayuda económica. Sin embargo se puede ser también solidario con los que están cerca, ofreciéndoles nuestro tiempo, acompañándoles en el dolor y el consuelo, así como en la oración…

Especialmente con la familia
La solidaridad empieza en casa, sintiendo y demostrando respeto por los hijos y viceversa. Se enseña solidaridad cuando la familia se reparte tareas, se realizan reuniones y se asumen compromisos, pero también cuando los padres se hablan entre sí con respeto, cuando el hermano mayor consuela al pequeño o cuando el pequeño ayuda al mayor a poner la mesa.

¿Un niño solidario asegura un adulto solidario?
En la vida no hay nada seguro y mucho menos cuando hacemos proyecciones con los niños. Y esto es lo fantástico de la naturaleza humana: que todos podemos ser lo que queramos ser, dependiendo de nuestras circunstancias, talentos y motivaciones. Un niño que crece bajo la sombra de los valores solidarios es más proclive a comportarse de esta manera cuando es adolescente. Sin embargo, he conocido adolescentes difíciles que ordenaron sus vidas en tan solo algunos meses de voluntariado. No hay mejor tratamiento terapéutico que sentirse útil y valorado por los demás.

¿Cree que (en general) en el mundo hay solidaridad?
Sí, pero es insuficiente. Una cosa es la caridad y los sentimientos solidarios pero hablar de solidaridad, en letras mayúsculas, solidaridad proactiva, comprometida, estratégica y coherente, esto ya es otro cantar.


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